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viernes, 20 de enero de 2012

colegio ideal de una maestra con más de veinte años de experiencia y reflexión

“Sueño …un colegio”

En un espacio muy amplio y luminoso donde se respira ambiente de hogar y sensación  de cariño y seguridad. Las instalaciones adaptadas como si fuera una especie de Micrópolis  pero en colegio.

Los profesores siendo personas muy preparadas trabajando unidos, con coherencia, poniendo sus cualidades al servicio del centro dando lo mejor de sí mismos, ayudándose unos a otros en las tareas, sintiéndose todos miembros de un gran equipo  y en este mismo sentido las personas del P.A.S. preocupados por  todos y sintiendo que todos somos importantes.
            
Analizar las capacidades de los alumnos para fomentar aquello en lo que destaquen y  desarrollar las que tengan más flojas. De tal manera que todos los alumnos perciban que destacan en algo y hacer que entre ellos se tutoricen (sean alumnos tutores todos en algún momento).

Los alumnos  adquirirán los conocimientos de una forma lúdica, manipulativa, experimentando con diversos materiales de la vida diaria para alcanzar una autonomía que le permita desenvolverse con soltura en la vida cotidiana.
            
Hacer muchas dramatizaciones ,  cuentos, …para desarrollar la expresión oral,  hablar ante el público y  superar problemas de lenguaje y también para aprender gramática, fonética, ortografía...

En todas las etapas que existan una especie de talleres donde los alumnos pasen por ellos y practiquen los conocimientos que han adquirido de una forma teórica, por ejemplo: taller de matemáticas y allí los alumnos practicarán el tema de las monedas en una especie de tienda donde tendrán que comprar y vender.

Usar las nuevas tecnologías en todas las asignaturas para ampliar y reforzar lo estudiado también para los idiomas, practicar con alumnos de otros centros  (por ejemplo estudiar inglés hablando  y escribiendo textos con niños de un colegio inglés…) esto puede favorecer futuros intercambios.

Respecto a  la educación artística, favorecer en cuanto a música el formar un coro en el colegio, tocar instrumentos,  hacer  expresión corporal para desarrollo de las distintas capacidades y para utilizarlo en las celebraciones y acontecimientos que pueda haber en el centro. Realizar variadas técnicas plásticas que ayuden a los alumnos a ver en las que destaca y que sirva de modelo a los demás.

Tener espacios que simulen una casa para que los niños practiquen las tareas del hogar (barrer, planchar, cocinar, coser, limpiar,…) y otros espacios similares (una tienda, una consulta, …)para trabajar normas de comportamiento y cortesía.

Que los recreos sean espacios de ocio bien encauzados donde los alumnos mayores enseñen juegos a los pequeños, se cultiven las buenas relaciones a través de las reglas, etc y no se pierdan los juegos tradicionales.

Los padres han de estar implicados e informados en todo momento de la formación de sus hijos a través de las nuevas tecnologías (por ejemplo las plataformas donde a través de internet tengan información de los avances y lagunas de su hijo) que las familia practique con sus hijos los conocimientos que adquiere y además del colegio ellos también los lleven a teatros, museos, granjas, bibliotecas,…para refuerzo de lo aprendido.

Respecto a la  vivencia  de la Religión los padres se deben implicar en enseñarles y recordar las oraciones, visitar iglesias y si son creyentes iniciarles desde pequeños en asistir a la Eucaristía y otras celebraciones para que el niño se habitúe a estar en el templo y participar. Ir a una con el colegio para que los alumnos no vean una desconexión entre el hogar y lo que se les transmite en el aula y capten  la importancia de Dios en sus vidas y en el desarrollo de su persona.

La familia también podría colaborar poniendo sus conocimientos al servicio del centro, así un padre fontanero o electricista podría enseñar lo básico para una emergencia en  el hogar, un padre o madre del mundo de la sanidad podría enseñar primeros auxilios…

Fomentar que los alumnos se autoevalúen, concreten  las formas de mejorar a nivel de conocimientos, comportamientos… que sugieran al claustro de profesores propuestas de mejora que ellos crean convenientes para  el funcionamiento y la convivencia entre todos.

Todo esto y mucho más es mi sueño.

María Paredes Calderón.



Se presentó ante mí un material tan sumamente bueno y que me sugirió tantas cosas que tenía que ponerlas por escrito. No siempre, por no decir que muy pocas veces, podremos tener en nuestras manos un escrito sobre cómo sería el colegio ideal de una persona que lleva siendo maestra veintiún años. Este texto fue un encargo que se hizo desde el colegio donde trabaja mi madre a todos los profesores y me gustaría comentar algunas cosas acerca de él.

Comenzando por el principio, de un modo lógico, me gustaría hacer un especial hincapié en el tema de la luminosidad y el espacio. Considero que es esencial que los niños estén en aulas luminosas donde el ambiente sea agradable y no en un sótano con luz eléctrica continuamente. Me parece que en los últimos años se ha producido un gran avance en este sentido, en dar mucha más importancia a la luz y los espacios. 

Hace no tantos años estos aspectos estaban en un segundo plano y, quizá, no fuese tanto por falta de recursos como porque no se le otorgaba la suficiente importancia a este tema. En cambio, todos los estudios arrojan que es de vital importancia en la educación de los más pequeños las infraestructuras y condiciones del centro.

En cuanto al perfil de maestro que se detalla en el texto me gustaría hacer especial alusión a algunos detalles.
Primeramente que sean personas formadas, es indispensable que los maestros sean profesionales de la educación, personas que saben del tema, que no son aficionados. Otro aspecto interesante es la necesidad de poner sus cualidades al servicio del centro, de los niños y de toda la comunidad educativa en general, sintiéndose miembros de la misma. Esta segunda idea me parece de vital importancia, un maestro tiene que estar al servicio del centro para el que trabaja, debe identificarse con él como si fuese suyo. Lo mismo sucede en las relaciones con los niños, padres y el resto de la comunidad educativa, el maestro debe ser una persona que se implique, que lo “dé todo” por su profesión, por las personas con las que trabaja. Un maestro no puede ser un “mercenario” sino que debe ser capaz de dar más tiempo del que pone en su contrato por sus alumnos, independientemente de que esas horas las paguen, o no, que de hecho no te las van a pagar.

Un detalle muy bonito e importante es la relación entre maestros y P.A.S. (Personal de Atención y Servicios). Es lamentable observar cómo algunos profesores tratan a estas personas, como si fuesen sirvientes o de menor categoría. Si algo he observado es que hay algunos profesores (como en todas las profesiones supongo) de lo más clasistas, que miran por encima del hombro al conserje o a la persona que hace la limpieza en el colegio. Me parece de lo más triste que, la persona que debe dar ejemplo a los niños, que es el espejo donde ellos se miran se comporte de esta forma, y me da igual que no estén los niños delante, un maestro lo es siempre, no solo cuando están los niños delante. Yo siempre he escuchado hablar del conserje y la persona de la limpieza como “sus compañeros”, los presenta como sus compañeros, pues como debe ser, es que son compañeros, es que forman parte de la misma comunidad educativa, nadie está por encima o por debajo porque tenga o no una carrera, forman parte de lo mismo. He 
tenido la suerte de estudiar gran parte de mi vida en un colegio pequeño donde todos éramos como de la familia y, en él, la “señora de la limpieza” que era como nosotros la llamábamos porque era siempre la misma (no venía de ninguna empresa sino que la mujer siempre había trabajado para el colegio, al ser pequeño lo podía hacer ella sola) y el conserje siempre han sido uno más, y es así como debe ser no lo cuento para mostrar lo buenos que somos.

La propuesta de mi madre de que los alumnos se tutoricen es, a mi modo de ver, un fruto de su mucha experiencia en el aula. Siempre le he escuchado decir que los niños comprenden mejor cuando las cosas se las explica un igual, en determinados momentos obviamente pues, según esta teoría los maestros deberíamos ser niños y, aunque en ocasiones seamos como ellos no somos propiamente niños ya. Pero sí es cierto que los niños, cuando no han comprendido algo que ha explicado su maestro y se lo explica otro compañero que sí que lo ha entendido lo comprenden con mayor facilidad. Espero algún día poder ir descubriendo muchas más cosas acerca de los niños a través de la experiencia.

El punto en el que expone que los niños han de aprender de forma lúdica, manipulativa y experimentando me ha llamado especialmente la atención. Esta profesora estudió magisterio hace bastantes años y, es muy bonito comprobar cómo ha ido actualizándose, reciclándose, eso es ser una profesional de la educación, una maestra de raza, como de hecho lo es.

En cuanto a realizar dramatizaciones para desarrollar la expresión oral y superar problemas de lenguaje, puedo asegurar que lo lleva a cabo en el aula con asiduidad y a los niños de infantil les encanta.

Me parece destacado lo que expone acerca de las nuevas tecnologías y la educación artística. Mi madre no es excesivamente hábil con el ordenador, pero posee una voluntad de “hierro”, tiene un interés por aprender fascinante y sorprendente en una mujer cercana a los cincuenta años. Me resulta muy positivo que haya expuesto esta idea aquí porque, a mi modo de ver, es necesario trabajar las TIC en todas las asignaturas, de modo transversal y no únicamente en la hora de informática.

En cuanto al tema referente a la música también he presenciado como en el aula pone diferentes tipos de música y, los niños, van saliendo por mesas a bailar, les resulta divertidísimo y se lo pasan genial bailando y experimentando con la música. No me parece mala idea tampoco crear un coro. No obstante hace demasiado hincapié en que los niños tomen como modelo al niño que se le da bien pintar, cantar o bailar, creo que no es positivo fomentar las diferencias entre ellos y que tengan que fijarse en la persona que hace las cosas muy bien. Me parece que es discriminar a los niños y no creo que sea bueno.

La sugerencia de tener espacios que simulen la casa para que los niños practiquen tareas del hogar me parece fascinante, quizá pueda parecer anticuada esta idea pero me parece que resulta de lo más equitativo, porque la harán los niños y las niñas y no solo las 
niñas, me parece indispensable educar a nuestros alumnos en la equidad y el reparto de las tareas del hogar desde el colegio. Además tenemos que poner fin a que la madre, la madre y el padre o la mujer que “viene a casa a hacer las tareas” sean los esclavos, en una casa debemos ayudar todos, repartirnos las tareas entre todos, desde papá hasta el más pequeñín de los niños. 

Mi opinión es que no hay nada más antipedagógico y destructivo para la educación de un niño que decirle “hijo deja eso donde quiera si ya vendrá Fulanita a quitarlo” de este modo los niños no saben hacer nada absolutamente en la casa, no son responsables de la limpieza ni tan siquiera de su cuarto. Es la manera más eficaz de crear niños tiranos, egoístas y, por qué no decirlo clasistas y que no saben ni pasar un plumero. En mi casa mis padres trabajan ambos y limpiamos entre todos, pienso que así debe ser.

El tema del comportamiento y la cortesía es imprescindible para vivir en sociedad y me parece que debería implantarse, hoy mejor que mañana, en las escuelas una asignatura que sea “civismo” o algo así porque, desgraciadamente, lo que antes era labor de los padres cada vez más está pasando a ser labor de los maestros.

En cuanto a los recreos me parece genial que se enseñen y fomenten los juegos populares aunque, por otra parte, no pienso que los recreos deban ser “encauzados” pues, precisamente, es el momento para que los niños hagan lo que “les dé la gana”

Respecto a lo que expone sobre la vivencia de la religión, recordemos que es un colegio religioso, me parece correcto.

Me resulta extraordinaria la idea de que los padres pongan al servicio de los alumnos lo que saben y puedan 
enseñar ciertas habilidades que les pueden ser de gran ayuda.

El último punto me resulta sencillamente sensacional. Proponer la autoevaluación de los alumnos y que estos puedan sugerir al claustro de profesores propuestas de mejora ha sido tema de conversación en alguna ocasión en nuestras clases, por tanto, concluir diciendo que, mi madre, es una maestra de las de verdad, de las que han nacido para serlo, de las que disfruta aprendiendo más sobre educación y seguro que disfrutaría y podría aportar muchísimas cosas en un aula de magisterio pues, pese a la edad que tiene, propone cosas bastante coherentes con muchas de las cosas que vemos en el aula.

a mis formadores y a Diana

No me gustaría dejar de agradecer, y esto nuevamente debía estar en la entrada en la que hablo de mis padres y profesores pero fue otra de las cosas que se me olvidó, ¡lo siento!, a mis formadores de la universidad.

El último día en clase hablamos de lo mucho que habíamos cambiado desde el primer año de carrera hasta hoy, y que todos y cada uno de los profesores que habíamos tenido nos habían dejado huella de una u otra manera. Es muy cierto y no podemos hacernos una idea hasta qué punto. Personalmente recuerdo a todos y cada uno de mis profesores y creo que, en la mayoría de los casos, han sido para mí un impulso a continuar formándome con interés y dedicación para ser maestro. Los dos años y medio que llevo de carrera no han estado exentos de dificultades y de momentos de hastío y desánimo, pero, en cada uno de esos malos momentos he podido encontrar un formador que, sin hacer nada directamente, sin decirle yo nada y sin decirme él nada a mí, ha conseguido ilusionarme de nuevo y reforzar en mí ese interés que, poco a poco, iba desvaneciéndose. No es necesario “ir a llorarse” a los profesores, no es necesario contarles tus penas, lo mucho que sufres, los muchos problemas que tienes y lo mala que ha sido la vida contigo, y digo no es necesario para mí, no como crítica porque otras personas necesitan ese apoyo directo y hacen bien en demandarlo, pues siempre encuentran en la persona de los grandes formadores que trabajan con nosotros, apoyo y comprensión. Pero decía que muchas veces no es necesario, simplemente con escuchar algunas clases, algunas reflexiones que hacen en clase, reflexiones profundas, no sobre matemáticas, lengua, historia o geografía, sino reflexiones sobre educación porque, como muy bien apuntó el otro día Irune en clase, cosas de matemáticas, lengua o historia las podemos encontrar en internet, pero el testimonio, la opinión o el consejo que te pueda dar un profesor en el aula es imposible encontrarlo fuera de ella. Seamos realistas, nosotros no estamos en clase para aprender las matemáticas, la lengua o la historia de Educación Primaria, estamos para ser maestros porque, se dan por sabidos los conocimientos primarios de estas materias. En un aula de magisterio debe hablarse de educación, de recursos para trabajar las materias en el aula y de cómo desempeñar de la mejor forma posible nuestra profesión y, creo, que muchos de los formadores que estamos teniendo lo están haciendo así y, considero, que va viéndose el resultado.

Sería injusto “meter” a todos los profesores en el mismo “saco”, no todos han sido igual de buenos, no todos han trabajado con nosotros igual de bien, se han implicado… generalizar es tan injusto como necesario. No podría ir profesor por profesor haciendo un repaso como, tampoco, me parece el lugar de “despotricar” de los profesores que no han hecho bien su trabajo, que desgraciadamente también los ha habido. Hay otra razón por la que yo no puedo criticar a un profesor de universidad en este blog, aunque yo piense que no hace bien su trabajo, y es que yo no tengo legitimidad ni formación para criticar por escrito públicamente a un formador de maestros, puedo hacerlo en la cafetería con mis compañeros pero no aquí.
Afortunadamente supera con mucho el número de profesores muy buenos que hemos tenido en la carrera al número de profesores no tan buenos. Y, desde luego, los formadores que hemos tenido van a marcar en gran medida el tipo de maestros que seremos en un futuro. Espero que ellos algún día puedan sentirse orgullosos de mí, al igual que yo me siento orgulloso de muchos de mis profesores, aunque yo en nada haya determinado su forma de ser o desempeñar su profesión, es orgullo de decir “fulanito de Tal” me dio clase.

Mención aparte merece una compañera y maestra que el otro día me felicitó porque decía que le gustaba mi blog y que era maravilloso, no puedo más que agradecer sus palabras. Para mí es todo un honor y un orgullo que una maestra, con años de experiencia y un bagaje en materia educativa y de vida en general infinitamente mayor que el mío, me felicite a mí, que ni tan siquiera “acabo de llegar”, que estoy solamente empezando a poner los cimientos para ser maestro, para mí esto es algo muy importante y un gran ánimo para continuar formándome y aprendiendo cada día más, para llegar a ser algún día un buen maestro, un maestro de verdad.

Aprovechando la coyuntura me gustaría contar que, esta persona el año pasado nos explicaba un poco qué era la pedagogía Waldorf, en qué se basaba, cómo trabajaban con los niños y una serie de cosas que me fascinaron y me interesaron muchísimo mas, lo que más me llamó la atención fue la actividad que llevamos a cabo en el aula para trabajar el espacio, al mismo tiempo que conocen su entorno (la casa, el colegio, el barrio…). Cada uno de los niños tenía que construir un edificio del barrio donde está el colegio que, previamente, había visitado, habían caminado por él. Ese edificio se construía con plastilina y, a continuación, el maestro realizaba la composición colocando todas las formas que los niños habían hecho. Justo después de esto el maestro explicaba que había una gran nevada, que se hacía con harina, y el maestro espolvoreaba harina por encima de los edificios de modo que, al quitarlos, quedaba la planta del edificio, la base. Me pareció una actividad fascinante, tremendamente buena y significativa. También me llamó especialmente la atención la forma de explicarlo de la maestra en cuestión, captaba nuestra atención, pese a ser una clase muy “habladora”, estábamos totalmente concentrados en lo que nos estaba contando. Para mí fue una gran experiencia y me di cuenta de que aquella maestra no era cualquier cosa, era una maestra de raza, de las de verdad. Muchas gracias Diana. 

jueves, 19 de enero de 2012

a mis compañeros y, como no, a mi hermana

La verdad es que esta reflexión iría en la dedicada a mis padres y profesores pero, cuando me di cuenta había cerrado el escrito y ya no quedaba bien tocar este tema en él. Con lo cual esta entrada la dedicaré a mis compañeros y a mi hermana que se me quedó antes en el tintero.

Mis compañeros, no todos obviamente, pero ellos saben quiénes son y, sobre todo, yo sé quiénes son ellos, me hacen mejorar y crecer como maestro, o futuro maestro. Es difícil de explicar cómo lo hacen pero es cierto que me hacen crecer día a día como persona. Desde que empecé en la universidad mi forma de ser y actuar ha cambiado, quizá ni yo mismo me reconocería hace tres años. He cambiado mucho en estos tres años y este cambio es, indudablemente, gracias a algunos de mis compañeros, a los que en muchos casos me veo en la obligación de llamar amigos, porque es lo que son. Es muy bonito convivir día a día con personas que tienen similares objetivos y similar vocación que la que tú tienes. Es bonito crecer entre futuros maestros de Educación Primaria y, yo personalmente, he tenido la suerte de crecer entre personas que me han ayudado a madurar, que me han dado otra percepción de la vida y de las cosas, diferente. Yo llegue a la universidad con diecisiete añitos, siendo muy maduro, pero me encontré aquí con gente que, en su momento tenían veinte, veintiuno, diecinueve. En esas edades la diferencia quizá se note más que entre veinte y veinticuatro, yo era un chiquitín, como he escuchado muchas veces de decir a un buen amigo. Ellos eran jóvenes cuando yo todavía era un adolescente, no obstante, considero que la diferencia no se notaba en exceso. Ellos han cambiado mi vida en muchos aspectos, me han hecho mejorar y crecer muchísimo como persona en cosas en las que yo era aún un niño “de chupete”. No es excesivo decir que, mis amigos de la universidad han cambiado mi vida porque lo han hecho, ellos saben quiénes son, les quiero muchísimo y les estoy muy agradecido. Algunos de los que me lean pensarán que yo tenía una vida desastrosa, marginal o algo así, ni mucho menos, lo que sucede es que yo soy excesivamente sentimental y me gusta expresar las cosas con fuerza, con energía para que se entienda lo que pretendo transmitir y, sí, mi vida cambió al llegar a la universidad, al conocer a estas fabulosas personas que entraron un día de septiembre de 2009 en mi vida y dudo mucho que vuelvan a salir de ella. Ellos me hacen cada día crecer como persona, crecer como maestro y, solo espero que, de algún modo, yo también pueda ayudarles a ellos. Además esa ayuda es inconsciente, se basa en el día a día, es como cuando el viento erosiona la roca, no te das cuenta pero va dejando huella, no cambia de un día para otro pero todos los días la erosiona, lo mismo sucede en este caso.


Dejando a un lado a mis amigos párrafo aparte merece mi hermana. Algunos pensarán “este tío además tendrá una hermana maestra, claro así cualquiera, todos en esa familia tienen algo que ver con la educación…” pues no, mi hermana no sé si será maestra porque tiene diez años pero es la persona más determinante en mi vida, es el eje, la pieza clave. Un día 28 de febrero de 2001 sucedió el acontecimiento más importante de mi vida, el nacimiento de mi hermana. Yo siempre había querido tener una hermana pero se resistía a venir y, seguramente, vino en el mejor momento y si no, lo importante es que vino. Es la personita que más me ayuda a crecer como persona, que me hace ver 
lo miserable y maleducado que soy cuando hago ciertas cosas, cuando me comporto mal en casa o soy un mal ejemplo para ella porque, lo reconozco, podría ser mejor ejemplo para ella en muchísimas más cosas y, desgraciadamente no lo soy, no lo soy tanto como personalmente considero que debería. Es la persona que más me hace crecer como maestro y, no solo, porque pueda practicar bastante con ella sino porque lima mis actitudes porque me ayuda a controlarme y me hace ser mejor. No obstante mi hermana no hace nada en especial, a mí me basta (aunque suene a tópico) con poder levantarme cada mañana, ir a su cuarto y ver que está allí, eso es suficiente.

a mis padres y profesores

He de reconocer que la clase de hoy me ha fastidiado bastante, sí me ha “jorobado el invento” y no porque no me ha haya gustado, que me ha parecido de hecho una clase preciosa sino porque, muchas de las cosas que ha sugerido Irune en ella, ya las tenía pensadas y puestas por escrito como ideas para hacer un par de “entraditas” en el blog. De modo que, al hacerlas hoy, va a parecer que las estoy llevando a cabo porque lo ha sugerido Irune en clase y no, las tenía pensadas antes de esta clase, de cualquier forma las voy a hacer porque quiero, porque me apetece y me parece que es de justicia.

Quisiera primeramente agradecer mucho a muchas personas. Podría empezar por los fabulosos maestros y profesores que tuve en el colegio Vedruna. Gracias, en gran medida, a ellos hoy estoy estudiando tercero de magisterio. Todos y cada uno de ellos, aunque obviamente recuerdo más a algunos que a otros, al igual que unos me parecen mejores que otros y han influido más en mi vocación.

La manera de ser y trabajar de mis maestros de Educación Primaria considero que ha sido fundamental en mi vocación. El otro día pensaba de dónde podía venir esta vocación a ser maestros, este amor por la educación y cariño por los más pequeños. Pronto encontré respuestas, las principales respuestas las tengo en mi casa. Mi madre es maestra, es tremendamente buena, es brillante, genial, apabullante… Es increíble ver cómo cuando entra en clase todos los niños, que además son de infantil, la miran con enorme entusiasmo, con profundo cariño y con muchísimo respeto, pero respeto del bueno, del que emana de la admiración, del gusto por tu profesora. Es genial observar cómo trabaja con los niños, es dinámica, divertida, capta la atención de los niños con fascinantes cambios de voz, abriendo mucho los ojos. Alguna vez que he pasado por su clase he podido ver la forma cómo narra los cuentos, lo hace de tal manera que los niños la miran embobados, se ríen con ella, se asustan si, en el personaje malo, hace un cambio de voz fuerte.


Todo esto no queda ahí, los padres sienten una profunda tranquilidad cuando los niños llegan al colegio en tres años y empiezan con ella. Es una persona cercana, en la que ellos confían plenamente, humilde… la verdad es que es más complicado de lo que pensaba hablar de personas como mi madre. Ella no se lo cree pero es una institución en el colegio Vedruna de Villaverde, es querida y respetada por todos los padres y alumnos, es curioso comprobar cómo todos los alumnos que han pasado por su clase guardan un gran recuerdo de ella, y no es que me lo digan a mí porque, al fin y al cabo, que me van a decir, sino que se lo demuestran saludándola, diciéndoselo a ella, hablando con ella siempre que quieren, porque mi madre siempre está disponible aunque no tenga nada de tiempo. Con los padres sucede lo mismo, si tienen alguna duda sobre cualquier asunto del colegio le preguntan a ella pero, no debemos pensar que mi madre sea la típica profesora “coleguita” de los padres, indiscreta que cuenta las cosas privadas del colegio, todo lo contrario mira muchísimo por el centro, como si fuese suyo, es una persona ecuánime, que sabe hasta dónde puede decir a unos padres y qué debe callar. Con un ejemplo así en casa, una persona que trabaja tan sumamente bien en el aula con los niños de infantil es muy complicado que no te llegue a gustar la educación. Si entras en una clase de mi madre y te gusta la educación, y la educación 
“bien hecha”, es muy complicado que no salgas motivadísimo. Es un verdadero ejemplo de profesionalidad y de buen hacer en materia de educación, una maestra de raza y más si tenemos en cuenta que también es psicóloga y no quiso ejercer porque lo que le gustaba era ser maestra, es una maestra de verdad.

Pero bueno dejemos ya de alabar a mi madre y vayamos con mi padre que, pese a que es médico, también ha tenido que ver en mi vocación. Mi padre me ha enseñado muchas cosas en la vida que yo siempre le agradeceré, mi padre me ha enseñado a ser responsable y trabajador. Esos valores, que creo que tengo, se los debo en gran medida a mi padre. Él me he enseñó el sentido de la responsabilidad, de hacer bien las cosas, del esfuerzo y el trabajo. La forma de hacerlo seguramente no fuese pedagógicamente correcto pero, ¡qué más da!, él no maestro ni pedagogo y fue capaz de enseñarme todas esas cosas. Esa responsabilidad y espíritu de trabajo ha quedado grabada “a fuego” en mi personalidad y se lo debo a él, porque me ayudaba día a día a superarme, porque seguramente gracias a él esté yo aquí, estudiando magisterio. Yo con diez u once años era un vago redomado, un mequetrefe que venía del colegio donde trabajaba su madre con comunicaciones (parte) y, gracias a la labor de mis padres, pero en especial de mi padre experimenté un gran cambio. Él me decía muchas veces “hijo mío tú ni lana para una pelota como sigas así”, hoy en día lo pienso y, pedagógicamente, no estaba nada bien eso que me decía pero supo motivarme, supo dar con la tecla, supo hacer que yo mismo desarrollase un sentido de trabajo, de responsabilidad, dejase de hacer, con el perdón de los lectores, “el capullo” y me pusiese a trabajar.

Hoy en día continúa diciéndome cosas semejantes pero, ahora, me explica la razón por lo que me lo dice. Más de un día he llegado de la universidad quejándome y después de aguantarme muchísimas quejas me dice “si quieres salte de la universidad y ponte a trabajar, nos saldría más barato. Si tú no eres feliz, para que vamos a gastarnos un dinero en que sufras”, en ese preciso instante se acaban mis quejas, no hay nada que decir frente a eso. Es la persona que, en momentos de “mirarme el ombligo”, de llorarme de lo desgraciado que soy en la vida (cuando soy afortunado como pocos) me ha dicho claramente las cosas tal y como son, me ha hecho dejar de “mirarme el ombligo” y comenzar a ser una persona adulta. En momentos de exámenes, muchísimos trabajos o agobios varios ha sucedido lo mismo, me he quejado y me ha dicho que todo el mundo estará igual, incluso gente que trabaja en mi clase que está peor que yo y que, yo, no estoy en una situación peor que la suya que estudiaba medicina y trabajaba como enfermero, que estudio una oposición teniendo que jugar conmigo al fútbol (pues yo ya había nacido y era pequeño), teniendo que ir a comprar, trabajando… con una serie de responsabilidades que yo no tengo. Y luego viene su explicación, lógica y cuadriculada, pero a la vez brillante y de gran ayuda, me dice: “te sirve de algo llorarte hijo, no te sirve de nada. Arregla tu situación que estés quejándote y agobiándote, no sirve para nada. Te agobias por tonterías, en un vaso de agua te ahogas y no tiene sentido porque no sacamos nada con eso” y cuánta razón lleva… muchísimas gracias papá, gracias por tu enorme ayuda sin la que, hoy en día no estaría escribiendo estas cosas, sin la que, sin duda alguna, no sería la persona que soy hoy. Mi padre tiene mucho que ver en la
persona que soy, él no me ha impuesto una forma de ser o de actuar, pero sí con sus enseñanzas y planteamientos ha influido, sin quererlo, en hacer de mí una persona trabajadora y responsable.

Con todo esto puede parecer que mi padre es una persona fría, dictatorial y altiva; nada más lejos de la realidad, es una persona humilde, tremendamente humilde, la vida de mi padre se resume en mucho esfuerzo y constante trabajo, pero con una humildad y una forma de afrontar las cosas verdaderamente ejemplar. Es una persona cariñosa, que se preocupa mucho por mí, con la que hablo muchísimo. Es serio pero divertido a la vez, es, en definitiva, un gran hombre, una gran persona, un ejemplo a seguir, al igual que mi madre, por si no había quedado claro en párrafos anteriores.

Volviendo a mis maestros, he de reconocer que su modo de actuar en el aula, su ejemplo, despertó en mí el gusto por esta bellísima vocación. Son personas que hacen que te guste ser maestro, estando con ellos deseas ser como ellos, vivir como ellos, dedicarse a lo que ellos se dedican. Todos y cada uno de ellos han ayudado a forjar, y no saben hasta que punto, mis ganas de dedicarme a esta profesión, despertaron en mi hace más de diez años (y tan solo tengo veinte) mis ganas de ser maestro. Siempre ha querido ser maestro, toda mi vida he querido dedicarme a la educación, a los niños y esto ha sido gracias a ellos, a que han sido un ejemplo a seguir y, ojalá algún día, yo pueda ser un ejemplo a seguir para mis alumnos, ojalá ellos quieran dedicarse a esta preciosa profesión. Nada me haría más ilusión que escuchar de la boca de mis alumnos que quieren ser maestros, que quieren dedicarse a la enseñanza. Ya en la actualidad cuando alguien que está haciendo Bachillerato o, incluso ni eso, cuando hacemos la denostada pregunta a los niños de “bonito ¿y tú qué quieres ser de mayor?” y el niño responde profesor, no puedo evitar que se me dibuje una sonrisa de oreja a oreja. Cuando escucho a chavales de dieciséis o diecisiete años decir que quieren ser maestros enseguida se me dibuja esa sonrisa de oreja a oreja y no puedo evitar decir “Jo ¡qué bien!”. Para mí querer ser maestro, tener clara mi vocación es de las mejores cosas que me han pasado en la vida, y digo de las mejores y no la mejor porque, como he apuntado anteriormente, soy tremendamente afortunado, me han pasado muchísimas cosas buenas en mi vida.

Siempre he tenido muy buenos profesores, después de estar en el colegio Vedruna pasé a otro colegio Vedruna de Madrid en el que me encontré con profesionales de la educación tremendamente buenos. En ese colegio al que fui a estudiar Bachillerato los profesores preparan los temas buscando información de diferentes fuentes, ellos son los que confeccionan el temario, no siguen libro de texto. Eso ya me parece fantástico, en su momento me parecía bien pero no lo comprendía, ahora que prácticamente puedo decirme a mí mismo que soy maestro lo comprendo y me parece excelente, es un gran trabajo. Los profesores con los que me encontré allí eran personas dedicadas a los alumnos, se preocupaban por nosotros, trabajaban muy bien, eran profesionales de categoría, maestros y profesores de raza.

En mi camino la suerte, Dios, la vida (pongo varios para que cada uno escoja el que más le convenga dependiendo de sus creencias, formas de pensar…) ha puesto buenísimos 
maestros y profesionales de la educación en general a los que les debo, sin ningún género de dudas, en mayor o menor medida, tener tan claro que quiero ser maestro, tener una vocación fuerte y, haber tenido la suerte de, desde bien pequeñito ver, tanto en casa como fuera, la preciosa forma de ser y actuar de maestros de verdad.
  

la palabra rural...

Una tarde de estas escuchando la radio me enteré de que una asociación de vecinos por el desarrollo rural, o algo así que bien no recuerdo, habían pedido a la RAE que retirase de la definición de rural la acepción tosco e inculto, esta noticia me hizo pensar algunas cosas que quisiera compartir.

Primeramente, lo mucho que ha cambiado la educación en los pueblos, pero más que centrarnos en los pueblos, deberíamos centrarnos en las comunidades autónomas o provincias. Pues, todos estaremos de acuerdo que no es equiparable un pueblo de Madrid con uno de Córdoba, Toledo, Ciudad Real o Galicia, poco tienen que ver. Lo mismo sucede con la educación en las diferentes comunidades autónomas. Este es un debate que siempre que voy a mí pueblo suelo tener, o solía pues ya hemos optado por no tocar el tema, yo para no herir sensibilidades y, mis amigos del pueblo, para no sentirse heridos. Mi pueblo está en Andalucía, comunidad autónoma conocida por su alto porcentaje de fracaso escolar que, curiosamente, convive con un alto porcentaje de “notazas” en Bachillerato, ¿cómo se come eso? Se me antoja un poco extraño que en una misma zona tengamos a los estudiantes más inteligentes y aventajados y, al mismo tiempo, a los menos inteligentes y aventajados. A mi modo de ver lo que sucede es bien sencillo, el nivel educativo en Andalucía es uno de los más bajos de España. Bajar el nivel no produce un descenso del porcentaje de fracaso escolar, este no varía; en cambio, sí que produce un ascenso de las personas que acceden al Bachillerato que, a su vez, ostenta un nivel más bajo que el de otras comunidades y, en él, muchos alumnos consiguen aprobar y, muchos de ellos con notas de persona brillante en Madrid… ¿son los andaluces los más listos y, al mismo tiempo, los más “tontos” de España? la campana de Gaus existe, según esta, la gran mayoría de las personas estamos en la parte más ancha de la misma, precisamente porque es dónde más población hay, es decir, la mayoría del común de los mortales nos situamos en el término medio, no somos ni muy inteligentes, ni muy poco inteligentes, somos lo que se podría definir como normales.

La verdad es que me parece un tremendo error que el nivel educativo no sea igual en toda España. Es injusto que una persona en Madrid no pueda estudiar medicina porque no ha obtenido la nota suficiente y, otra persona en Andalucía la obtenga con creces porque el nivel de exigencia es menor. Otros me dirán que lo mismo sucede entre los diferentes colegios y entre los diferentes profesores, bien, es cierto, pero llegamos a una selectividad igual para todos… bueno no… esto tampoco es igual para todos, es diferente dependiendo de cada comunidad autónoma, es decir, los estudiantes españoles a la hora de acceder a la universidad nunca nos igualamos, pasamos continuamente pruebas diferentes. En mi opinión, la selectividad debería ser igual en todas las comunidades, con los mismos criterios, idéntico examen en todas las universidades del país. Esta debe ser la prueba que nos iguale a todos.

Un tema que puede deducirse y sobre el que debemos reflexionar, que nada tiene que ver con la reflexión anterior es que, nosotros como maestros tenemos la obligación de ser personas activas, de estar en continua revisión en relación a lo que enseñamos a nuestros alumnos. 

Nada hay que sea invariable, todo cambia y, por tanto, como maestros, debemos estar al corriente de los cambios, no podemos “aburguesarnos”, quedarnos inmóviles en una serie de conocimientos o de formas de hacer las cosas. Tenemos que ser personas informadas, cultas, activas en la búsqueda de nuevas cosas, en la innovación, solo de esta forma lograremos ser buenos maestros.


miércoles, 18 de enero de 2012

¿Un 5? :S lo triste es que luego a nuestros alumnos les exigiremos...

En uno de estos días de exámenes se planteó un “mini-debate” en la biblioteca entre algunos compañeros, entre los que estaba yo pues, de lo contrario, no tendría ningún sentido que estuviese escribiendo esto. La cuestión era la siguiente: “si a ti te dicen que apruebas todo lo que te resta de carrera con un cinco sin venir a clase ni hacer nada, ¿aceptas?”. La respuesta que yo di podría colocarme como la persona más tonta del mundo, por tanto, la argumentaré más adelante, mi respuesta fue, rotundamente, no.

No acepto un cinco en todas las asignaturas sin tener que venir a clase, no quiero que me regalen lo que resta de carrera, no quiero que me den un cinco por no hacer nada. La pregunta ahora sería ¿y por qué? Pues porque yo he venido a la universidad a aprender, a formarme para ser un buen maestro, no a que me den un título. Aceptando una cosa semejante consigues un título pero no te estás formando como maestro. Sinceramente deberíamos replantearnos algunas cosas. Comencemos por la razón por la que estamos estudiando esta carrera. Si una persona está estudiando magisterio es para formarse como maestro, y si esto te gusta, las clases no deberían ser para ti un suplicio, algo que quisieras evitar por todos los medios. Esta es la teoría, la práctica es que un elevado tanto por ciento de las personas que estudian esta carrera la hacen porque no les dio la nota para no sé qué, porque dicen que es muy fácil, para hacer amigos, por hacer algo… todo hay que decirlo, hay clases mejores y clases peores, pero bueno si tú tienes vocación piensas que esa clase pesadísima que tienes te va a servir para ser maestro y que, con mucha seguridad, algo podrás aprender de ella.

Este primer punto de mi reflexión podríamos concluirlo diciendo que, lo importante no es la nota, es aprender. La nota digamos que es un suplemento, si tú te esfuerzas, tienes interés y aprendes, lo lógico es que tengas una buena nota, pero es un suplemento, siendo el objetivo principal aprender, formarte para ser un buen maestro porque, nosotros, no vamos a trabajar con máquinas, vamos a trabajar con personas, y con las personas más importantes de la sociedad, con niños. A estas personitas les podemos hacer mucho bien, pero también mucho mal, y para hacer ese “mucho bien” y no “mucho mal” debemos estar bien formados, ser personas preparadas que saben lo que tienen que hacer, que son profesionales de la educación y no aficionados.


Si la condición fuese un cinco en todas las asignaturas pero pudiendo ir a las clases y aprendiendo, todavía tendría algo de sentido para mí y, aún así, no me gusta la idea pues, para aprender de verdad, además de escuchar las clases, necesitas hacer trabajos, experimentar, investigar y, porque no decirlo, estudiar. Este es otro punto, a mi parecer importante, al que quiero hacer alusión. No deja de ser curioso observar cómo, muchas personas que estudian magisterio, por mejor decir, que están matriculados en magisterio, no estudian absolutamente nada. Hay gente que no dedica estas tardes de exámenes a estudiar y, sorprendentemente aprueba, en fin, yo creo que la ética profesional empieza en la carrera y no cuando ya nos hemos graduado. Y no me refiero a copiar en los exámenes o no copiar, me refiero a que, hay contenidos que se tienen que estudiar, hay cosas que un maestro debe saber y, si no estudias, es bastante complicado que las sepas, porque nadie se va a creer que no estudiamos para los exámenes pero luego nos lo miramos por nuestra cuenta… Si pretendemos ser buenos 
maestros debemos estudiar esas cosas que tenemos que saber. 


Queremos reconocimiento social igual que un médico, enfermera, abogado, filólogo… sin darnos cuenta que, al médico por ejemplo, nosotros le llegamos con una enfermedad y no nos dice que no sabe qué puede ser, qué ese tema no se lo estudió, o que “vuelva usted mañana” que me tengo que repasar los apuntes, te dice lo que te pasa. Lo mismo sucede con otras profesiones en cambio, nosotros, que tenemos bastante menos que estudiar que en otras carreras básicamente porque la nuestra es eminentemente práctica, no nos estudiamos ni lo que es necesario, y luego exigimos que se nos reconozca socialmente y lloramos por las esquinas cuando la gente nos dice que maestro puede ser cualquiera. Pero si el problema quedase entre los de la profesión no estaría del todo mal, el tema es que algunas “mentes privilegiadas” se jactan de que no estudian nada y aprueban, de que magisterio es muy fácil y muy divertido, vamos a ver “zoquete”, si tú no estudias y apruebas, te parece todo muy fácil (pese a llevar una carrera pésima si nos fijamos en las notas) y te diviertes mucho (para divertirte ha de gustarte con lo cual me alegro por ti) ¿te importaría callarte?. ¿Te importaría dejar de desprestigiar nuestra profesión?, ¿te importaría dejar de desprestigiarte a ti mismo?, porque, de esta forma estás “tirando por tierra” a muchísima gente que estudia esta carrera porque le gusta, porque tiene verdadera vocación y ama la educación, sin contar a las personas que la ejercen, culpables en gran medida por otra serie de comentarios. Es que se puede ser tonto ¿pero tanto? Y si fueran uno o dos…

Todos somos culpables de que esta carrera esté infravalorada, todos y cada uno de los que formamos parte de la misma, y todos nosotros deberíamos hacer, de una vez por todas, una profunda reflexión para cambiar esta situación. En esta ocasión no me voy a quedar en realizar una denuncia de la situación, sino que voy a proponer soluciones, que de nada van a servir pero bueno aquí están para quien quiera leerlas.

Fijémonos en Finlandia, país en el que, para acceder a estudiar magisterio los estudiantes han de pasar una serie de pruebas de expresión oral y aptitudes en definitiva, después de haber sacado una elevada nota media en su Bachillerato; sería conveniente limitar el número de plazas para estudiar magisterio, de modo que lo estudien las personas que tengan vocación y sirvan para ello, motivar para que estudien magisterio los mejores. De esta forma evitaríamos tener las clases abarrotadas de alumnos rebotados de otras carreras, que no tienen vocación ni interés por aprender nada. Motivando, de este modo, que personas muy buenas estudien magisterio, en lugar de estudiar medicina, derecho o alguna de las numerosas ingenierías. Me parece tan importante esta profesión que debemos atraer hacia ella a las personas más capaces y no conformarnos con gente mediocre y que no tiene interés ni ganas de aprender.

Hablamos en clase que había personas que sabían ser maestros antes de empezar la carrera, eso no es admisible y es totalmente mentira, ninguna de las personas que estamos en clase sabíamos cómo ser maestros antes de empezar la carrera y, con muchísima probabilidad, tampoco lo sabemos ahora, pero es que, cuando llevemos diez años en la profesión es más que probable que, completamente, tampoco lo sepamos. Ser maestro es algo tan complejo y de tanta importancia que no se aprende fácilmente, que 
requiere de talento, experiencia, humildad, constancia, esfuerzo, dedicación y, sobre todo, mucho cariño hacia los niños y mucho amor hacia la educación. Por ello me gustaría hacer hincapié, más que en las aptitudes necesarias para ser maestros, en las actitudes. Siendo las primeras importantes, las segundas lo son más. Las primeras serían el esqueleto de tu vocación; en cambio, las actitudes son los músculos y tendones, todo lo que recubre ese esqueleto y que hace que pueda moverse. Los huesos no pueden trabajarse y desarrollarlos, por el contrario, los músculos sí, las actitudes sí pueden trabajarse, sí pueden educarse y, eso precisamente, es lo que se hace en magisterio, educarnos, formarnos, enseñarnos de algún modo a ser maestros. Los formadores nos dan esa confianza y esa formación, al igual que la madre, cuando un niño comienza a andar, le lleva con un trapo, hasta que más tarde puede caminar solo. Eso es lo que hacen los profesores con nosotros, desarrollan y trabajan nuestros músculos pero, para poder trabajarlos y desarrollarlos, debajo de ellos, debe haber huesos. 

jueves, 12 de enero de 2012

Las penas de mi móvil (ejercicio de clase)

Hola, soy el móvil de Pedro, me siento un pelín triste, taciturno, lúgubre (como el museo) porque me enterado de que me va a dar el cambiazo, ¿cómo puede ser? Tanto tiempo juntos, tantos mensajes, tantas experiencias vividas, tanto compartir bolsillo con las llaves de casa, las del coche, alguna monedilla y tantas ralladas por su culpa, sí sí por la culpa de las llaves que tienen la mala costumbre de rallarme cuando están en el bolsillo conmigo pero, ¿qué les he hecho yo? ¿qué les pasa conmigo? En fin…tantos momentos, tantos ratos mirándome con esos ojitos mientras tardo 20 minutos en abrir un sms, y él no lo sabe, pero yo tardó tanto porque me gusta que me mire, me gusta que me dedique tiempo porque, ¿sabéis una cosa? ¡Pasa de mí! Y me trata fatal, me tira encima del escritorio, me tira en el coche, me tira en clase…ya estoy arto, a ver si el móvil que se compre le consiente todas estas cosas, a ver si a él se lo hace, no claro a él no como es un Samsung Galaxy no sé qué no sé cuánto, ¡va! ¡Qué paso!, que se vaya con otro, hace muy bien, por lo menos me evitaré caídas innecesarias y podré descansar porque, además, me he enterado que su padre me va a tener en la reserva, así que desde el cajón de debajo de la televisión seguiré informando.

Patochada y las mañanas de Miriam (escritura automática introduciendo palabras)

Voy a decir la patochada que estaba pensando, para comenzar con algo divertido, Irune como mola se merece una ola.

Eran las 7 de la mañana cuando sonó el reloj de Miriam, era la hora de levantarse, era hora de ir al colegio, su mamá se acercó sigilosamente y subió la persiana mientras le susurraba que era la hora de levantarse. La niña se removió en la cama, dio media vuelta y continuó durmiendo, “Miriaaaaaam” se escucha decir a su madre desde la cocina, “me tengo que ir a clase de organización escolar, levántate por favor”. “Voy mamá”, la niña comenzó a destaparse y, ese fue el momento en el que notó el tremendo frío que hacía fuera de su cama. Al poner el pie en el suelo notó algo duro y rugoso como un escarabajo, ¿qué sería aquello que tenía Miriam bajo su pie? La duda no duró mucho tiempo en su cabeza pero fue necesario frotarse los ojillos con la mano izquierda, pues era zurda, para quitarse las legañas mañaneras y encontrar la bandera pirata de su hermano en el suelo. Se disponía a quitarla cuando le llovió un escobazo de su madre en toda la cabeza, con escobazo nos referimos a un pequeño golpe en su cabecita, que ella notó como si se le hubiese caído un ladrillo encima. “Mamá no me des golpes en la cabeza que tengo una competición de matemáticas hoy y no me van a salir las ideas”. 

lunes, 9 de enero de 2012

Mi última esperanza eres tú



El motivo de escoger este fragmento de la película de Hércules para hacer un comentario es simplemente que me gusta mucho la letra de la canción. Me veo, en gran medida reflejado en Hércules. Creo que soy un joven que quiere ser maestro, que tiene esa “ambición” y que, para ello está trabajando duro, para ser maestro de verdad, no únicamente para tener la carrera de maestro pues, muchísimas personas en España se gradúan año tras año y no son maestros, tienen el título pero no lo son de verdad. Del mismo modo Hércules era un joven que quería llegar a ser un héroe y para ello va a hablar con Fil para convencerlo de que merece la pena entrenarlo.

Me parece muy sugerente lo que dice Fil “yo ya no esperaba nadie con ambición”. Como estudiante de magisterio siempre es gratificante que haya personas que te digan que vales para la profesión, que se te da bien… es lo que todos, y yo personalmente, esperamos escuchar de nuestros formadores, de nuestros maestros pero, eso sí, solo espero escucharlo sí es la verdad. En varias ocasiones he argumentado que pienso que sí un formador percibe que una persona no sirve para ser maestro debería decírselo, de la misma manera yo agradecería mucho a mis profesores que me dijesen que no sirvo para la profesión si, realmente, así lo consideran. Considero que se ha perdido en gran medida la figura del maestro, y en este caso no me refiero al maestro de Educación Primaria, sino al maestro, a la persona que te guía en tu trabajo cuando estás empezando, que te aconseja y te forma en cierta medida a través de la práctica. En muchos trabajos manuales existía esa figura, y era una figura respetada y autorizada para aconsejarte, reprenderte si lo haces mal y guiarte hasta que adquieras la suficiente experiencia. A mi modo de ver, esa figura la tienen nuestros profesores en la universidad. Creo que es indispensable que, en todo momento tengamos muy presente cuál es nuestra meta, tanto profesores como alumnos, debemos saber perfectamente que la meta, el motivo por el que allí estamos es para formarnos como maestros y, sobre esa meta debe girar toda la labor docente, toda la actividad que en la universidad desempeñamos. En muchas asignaturas nos perdemos en el temario, perdemos precisamente ese objetivo último, el ser maestros, y es como un regreso al Bachillerato, donde se estudiaban las asignaturas sin ningún fin, simplemente por estudiarlas para el examen, no con un fin formativo, no para aprender más acerca de cada una de ellas. En la película de Hércules, tanto Fil como el propio Hércules tenían muy claro cuál era el fin de su labor, tenía muy claro por qué madrugaban cada mañana y se pegaban esos palizones entrenando, para conseguir que Hércules fuese un héroe verdadero. Lo mismo debemos tener nosotros siempre en cuenta, madrugamos, estudiamos, nos esforzamos, vamos a clase, hacemos trabajos…con el fin de llegar a ser buenos maestros, de ser maestros.

Pienso que cuando olvidamos el objetivo por el que estamos aquí cunde el desánimo, el hastío, el cansancio y la desmotivación. Si bien es cierto que otros traen estos sentimientos “de casa” porque no tienen vocación, están aquí, en un aula de Magisterio, como podrían estar en una de Empresariales, ADE o INEF.
            
Continuando con la canción del bueno de Fil nos encontramos con otro trozo que dice: “ser un héroe es un don”. Yo opino exactamente lo mismo acerca de ser maestro, en alguna reflexión he argumentado que “maestro se nace, no se hace” y lo creo firmemente. Muchas cosas pueden pulirse con buena voluntad y con actitud y ganas pero debe haber un don, debe haber unos mimbres a partir de los que construir. Una persona que no sea imaginativa, que no posea frescura, “chispa”, gracia, capacidad de expresión, creatividad… es difícil que pueda ser un buen maestro, no obstante, todas estas capacidades, teniendo un mínimo pueden paliarse con trabajo, trabajo y más trabajo. Con ganas de mejorar, de ser un buen maestro, de formarse, con interés y actitud. La persona que las posea tendrá que trabajarlas en menor medida, la que no las posea tanto deberá incidir más en ellas. Cuando estoy en clase miro a mi alrededor y veo muy buenas cualidades en la mayoría de mis compañeros, pienso que muchos llegarán a ser buenos maestros porque, precisamente observo en ellos esas habilidades y, los que quizá no las tienen tan “a flor de piel” o tan desarrolladas, se esfuerzan por mejorar en ellas.
            
Otro fragmento, en relación con lo apuntado en el párrafo anterior, es: “es más que la fuerza, es lo que te esfuerzas”, esta parte para mí es clave. Aunque poseas unas capacidades innatas muy buenas, siempre va a ser necesario que te esfuerces. El esfuerzo y la constancia es la base del éxito y esto, hoy en día, parece haber sido relegado a un segundo plano (siendo generoso), por no decir que ha desaparecido. El esfuerzo es básico, fundamental en cualquier tarea que desempeñemos en la vida. Si posees unas cualidades geniales y te esfuerzas por mejorarlas llegarás a ser un genio. Tener buenas aptitudes no te exime de tener que mostrar una buena actitud, porque si tienes buenas cualidades y además te esfuerzas conseguirás grandes cosas; si, por el contrario, tienes buenas cualidades y no haces nada, como mucho llegarás a ser un maestro mediocre.

Por otra parte, no podemos exigir esfuerzo a nuestros alumnos si no somos capaces de esforzarnos nosotros. No concibo cómo, personas que hacen lo mínimo imprescindible para aprobar en la carrera, van a exigir luego a sus alumnos que trabajen y se esfuercen. No cabe duda de que lo harán y eso es un acto de hipocresía y cinismo, todos los aquí presentes (que lleguemos a ser maestros) exigiremos a nuestros alumnos esfuerzo y trabajo, aunque sea solo por mantener nuestro puesto de trabajo, pero no por ello dejaré de pensar que, la persona que no ha sido capaz de esforzarse ella no tiene legitimidad ni autoridad moral para exigir a los niños que se esfuercen.
            
Me gustaría concluir con una frase de Fil: “tú harás que se ejerza tu don”, precisamente es esto de lo que hemos estado hablando anteriormente, es necesario que, además de poseer cualidades innatas, nos esforcemos, trabajemos por ser buenos maestros. No perdamos nunca de vista que vamos a trabajar con niños, con la parte más importante y delicada de la sociedad. Nuestros alumnos, algún día, nos agradecerán que nos hayamos esforzado por ser maestros de verdad. 

mis creaciones :)

Prosa.

Aquel no era un día cualquiera, doña Consolación se levantaba como cada día pero sabía perfectamente que día era, el viejo reloj despertador que lucía en su mesilla parecía susurrárselo al oído: Consolación…hoy es día 24 de diciembre… Eso llenaba de alegría a la anciana, porque estamos hablando de una persona de noventaidós años, ¡qué se dice pronto! Doña Consolación se levantó despacito de la cama, con cuidado para no hacerse daño, una vez que estaba de pie, comenzó a caminar lentamente, ella siempre decía que era para engrasar los huesos, no andaba desencaminada pues al cabo de pocos minutos ya podía moverse casi con la misma agilidad que una mujer de veinte años, o más.


Sacó la leche de su viejo frigorífico y la echó en el cazo para calentarla, no le gustaban los microondas porque decía que calentaban solo el recipiente. Después de desayunar, se vistió y salió a la calle, ¡era una fría mañana! Pero el sol comenzaba a calentar y, según las previsiones que iba haciendo en su cabeza, a “media mañana” haría una temperatura estupenda. Consolación no podía dejar de pensar en que, aquella noche, iría a cenar a casa de su hija, su yerno y sus nietos. Estaba deseando de que llegase el momento en el que sonase el timbre y ella contestase: “¿Quién es?”, aún sabiendo perfectamente quién era y su nieto respondiese con voz fuerte: “soy yo abuela, baja rápido que tengo el coche en doble fila”. La mujer fue a misa, pues era de misa diaria, y allí conversó un ratillo, por supuesto después de la misa, con sus amistades y el señor cura. Decir señor cura le hace mayor pues era un joven de unos, no llegaría a treinta años, al que todas las abuelas del barrio le tenían casi como un hijo, no había día que no le llevasen comida, fruta o alguna cosa que él agradecía tímidamente. Era una persona amable y cercana, tímida, pero de gran capacidad para atender a las personas mayores, habilidad necesaria para ser sacerdote en la actualidad. Pero bien, volvamos a nuestra señora Consolación, después de la misa, fue a dar su paseo porque no pensemos que con noventaidós años no caminaba la mujer, se daba su paseo de dos horitas, a paso lento, pero le valía para entretenerse y hablar con la gente en la calle, la anciana Consolación era una eminencia en el barrio, era conocida por todos pues, a todos había hecho favores en los años duros de después de la Guerra Civil. Ésta es una razón por la que era conocida, la otra y fundamental era porque había sido maestra en el colegio del barrio, cuántas personas de cuarenta y cincuenta años la paraban por la calle con esa pregunta de “¿Doña Consolación se acuerda usted de mí?”. A lo que la mujer, sin la menor doblez, contestaba unas veces sí y otras no. Cuando contestaba “no” añadía siempre la misma coletilla, educada y humilde a la vez, “lo siento hijo”. Y enseguida preguntaba: “pero dime ¿quién eres? Refréscame la memoria, ¿te di clase?”. Y así día tras día era saludada por más de veinte o treinta personas en su largo paseo si lo medimos en tiempo, corto si lo medimos en distancia. Llegó la hora de comer y la anciana Consolación comió y se “echó” su siesta, tasada como siempre, una hora, nunca más de eso. Al levantar de la siesta su reloj marcaba las cinco, su nieto quedó con ella en recogerla a las siete, por tanto, tenía aún dos horas para arreglarse, peinarse, coger su bastón de las grandes ocasiones y esperar sentada frente a la puerta a que el timbre 
sonase. Pensaréis que aburrida esta mujer, se sentaba ante la puerta y no ante la televisión, sí, así es, pero no os he dicho un detalle: se sentaba ante la puerta con la radio puesta, ¡cómo le gustaba escuchar la radio! Pues bien, eran las cinco cuando se levantó de la cama y fue hacia la cocina a merendar porque, las personas mayores también meriendan y ¡no cualquier cosa! Cogió la cafetera que su hija le regalo el año anterior por su noventa y un cumpleaños y se hizo su café, al que añadió un poquitín de leche. Ese rico “café cortado” lo acompañó con dos galletas sin azúcar, es que tenía el azúcar un poquitín alta pese a que era delgada como un saltamontes. Terminó de merendar y se fue a vestirse a su cuarto, bueno ella lo llamaría alcoba pero para que nos entendamos a su cuarto, una vez que se puso su traje de chaqueta de los domingos, sus pendientes de piedrecitas, como ella los llama, y el collar que le regaló su marido. Se peinó y maquilló un poquito y ya estaba lista para esperar al puntual de su nieto, que siempre llegaba cinco minutos antes de la hora que decía, no obstante eran las seis en punto, tenía una hora para escuchar su programa favorito en la radio Las tardes de Irune, en el que contaban bonitas historias folclóricas, o de toda la vida según la señora Consolación, que le recordaban a su etapa de maestra en el colegio “Enrique Jardiel Poncela”. Cuando más interesante estaba una de las historias en la radio y más concentrada estaba nuestra protagonista sonó el timbre, era su nieto seguro, eran las siete en punto, no podía ser otro, no obstante descolgó el telefonillo y dijo con voz enérgica y un acento andaluz difícilmente disimulable: “¿Quién es?”, a lo que una voz grave respondió: “Soy yo abuela, baja que tengo el coche mal aparcado”, una sonrisa se dibujó en la cara de doña Consolación…¡es Navidad!



Verso.
Educar es amar
Educar es compartir
Es escuela
Es convivencia
Es respeto
Educar es esperanza
Es dedicación
Es futuro
Educar es tolerancia
Es admiración
Es diversión
Es innovación
Es creación
Educar es crecer juntos
Es caminar unidos hacia un futuro mejor

Diálogo teatral.
Aparecen en la escena doña Emilia y Pedro, cada uno a un lado de la puerta. Doña Emilia es una señora mayor, de unos ochenta años que es la abuela de Pedro, un joven estudiante de magisterio.
Riiingggggg

Doña Emilia: “¿Quién eeeee?” (con un acento andaluz difícilmente disimulable).
Pedro: “Santa Lucíaaaa”
Doña Emilia: (hablando para sí) pero si Santa Lucía ya ha venido este mes…
Desde dentro de la casa suena la voz de don José, el marido de Doña Emilia y abuelo de Pedro.
Don José: “¿Quién eeeee?”
Doña Emilia: “Santa Lucía han dicho, ¡cállate!” (dirigiéndose a su marido).
Don José: “Pero cómo va a ser Santa Lucía si ya han venido este mes a pasar lo del seguro mujeeeeeer”
Doña Emilia: “Ave yo que sé” (contesta a su marido mientras abre la puerta)
Pedro: “¡Qué pasa abuelaaa! Siempre picas ¡eh! Anda que…”
Doña Emilia: “Me cachi en ti ¡eh!, con que Santa Lucía…” (dice doña Emilia a su nieto riéndose).
Pedro entra en la casa hasta llegar a su abuelo…
Don José: “Pero hombre niño, ¿cómo engañas así a la abuela?” (que se lo toma con humor aunque no tanto como su mujer)
Pedro: “Si es que abuelo siempre se lo cree”
Doña Emilia: “¡Cómo no me lo voy a creer! Si dicen Santa Lucía pues…Santa Lucía será…hombre a mí me extrañaba porque estuvieron aquí el otro día…”
Don José: “Y encima vienen cobrando más, que nos han subido ya la cuota de lo de los muertos a cuarenta y cinco euros mensuales”
Pedro: “A ver abuelo…está la vida muy mala”
Don José: “Sí que lo está sí, se está poniendo el muuuundooo, que yo menos mal que me voy a morir pronto, pero hay que tener mucho cuidado y muchas precauciones, te lo dice tu abuelo que tiene más experiencia”
Pedro: “Ya abuelo…es verdad”
Doña Emilia: “Voy a sacarte algo para tomar” (se va por el foro).
Don José: “Sí sácale lo que él quiera, si está casa ya sabes que es tuyaaa”
Pedro: “Ya ya lo sé abuelo…y bueno sabéis algo de Barcelona o del pueblo”
Don José: “Ave pues ná…que están bien y ya está”

Volviendo doña Emilia

Doña Emilia: “Esta mañana ha llamado la tía Rafaela y dice que están bien y del pueblo hace ya unos días que no sabemos ná…no sé si estarán bien o cómo estarán…a ver si llamó un día”
Don José: “No señora que llamen ellos que siempre llamamos nosotros, que ya está bien con tal de no gastar son capaces de no saber ná de nosotros en tol año”

Doña Emilia hace burlas a su marido.

Pedro: “Pues el otro día estuve hablando con el primo y dice que están bien y que hace mucho frío en el pueblo así que esta Navidad vamos a tener que abrigarnos”
Don José: “Nosotros no creo que vayamos niño porque ando pachucho de lo mío y no tengo muchas ganas de moverme la verdad…”
Doña Emilia: “Sí niño nosotros nos quedaremos aquí, vosotros ¿cuándo os vais?”
Pedro: “Pues nos iremos el treinta para pasar allí la Nochevieja y eso… de todos modos en Nochebuena ya sabéis que venís a casa”
Doña Emilia: “Sí, si Dios quiere y abuelo puede ir, iremos pallá”
Pedro: “No venimos nosotros a por vosotros, no os preocupéis que pasamos con el coche y así no tenéis que ir andando con el frío y demás”
Don José: “Eso me parece mejor” (riéndose)
Doña Emilia: “Oye niño y cómo van tus amigos del pueblo Eloy con el trabajo, Aitor, el Cano…”
Pedro: “¡Van bien abuela! Eloy sigue trabajando en lo suyo y le va bien, Aitor estudiando y el Cano ahí anda que le han llamado me dijo de una empresa de “La Lancha”, un pueblo que está yendo para Córdoba”
Doña Emilia: “Pues a ver si tuviera suerte…”
Don José: “Suerte no, trabajo. Hincar los codos y trabajar eso es lo que a mí me gusta y lo que vale”
Pedro: “Pues sí…bueno me voy a ir yendo que tengo que hacer cosillas por casa, llama esta noche para decir a ver que le da el azúcar al abuelo” (dirigiéndose a doña Emilia).
Doña Emilia: “Sí yo llamó no te preocupes”

Se levanta Pedro y da un beso a sus abuelos.

Don José: “Bueno niño sé bueno y ya sabes…el que algo quiere algo le cuesta”
Pedro: “Ya ya abuelo…”                              
Doña Emilia: “Bueno niño ten cuidaíto”
Pedro: “Sí abuela no te preocupes” (acercándose ya hacia la puerta seguido por Doña Emilia).

Se escucha a Don José desde dentro.

Don José: “Sobre todo con el cocheeeee”
Pedro: “Sí abuelo, adiós abuela”
Doña Emilia: “Adiós niño…jo parece que has daó otro estirazón, estás más alto”
Pedro: “No sé abuela” (contesta riendo)